Editorial

 

Gaudiano: la mediocridad sin conciencia

 

Hasta antes de convertirse en alcalde del municipio de Centro, Gerardo Gaudiano Rovirosa,  hacía política  al amparo de la figura  del exgobernador, Leandro Rovirosa Wade. Además, como diputado federal, proyectó una imagen de político práctico y moderno. Un heredero de la casta gobernante.

Sin embargo, ya como presidente municipal, desapareció el mito y surgieron las mentiras de su verborrea, mismas que se impactaron contra  la realidad de la problemática social del municipio.

Es así, que ante la urgente necesidad de recomponer la administración pública, adicional a  la solución de problemas tan sensibles como la carencia de agua, la recolección de basura, el bacheo de las calles y el drenaje obsoleto; los habitantes de Centro conocieron la ineficiencia de Gaudiano.

Del combate a la inseguridad, el impulso a las actividades agropecuarias y el turismo, la creación de empleo, mejor ni tocar el tema.

A la hora de la verdad, cuando debía demostrar de lo que estaba hecho, sobresalió la realidad de un político  que haciendo  una trayectoria meteórica, todavía estaba verde para la responsabilidad de la presidencia municipal.

Gaudiano salió puque, dicen algunos en los desayunaderos. Le quedó grande el cargo, expresan otros. Lo cierto es que la mayoría de los ciudadanos, se muestran decepcionados del desastroso gobierno que ha realizado durante 18 meses.

Porque en medio de su aspiración a la gubernatura, se interpuso la corrupción del grupo de  juniors que vinieron  desde Cancún, para cogobernar el municipio y después encaminarlo  hacia la gubernatura, para coronar sus ambiciones políticas y económicas.

Lo de Gaudiano ha sido un gobierno de mentiras recurrentes, de jugosos negocios con la obra pública  y los servicios que presta el ayuntamiento. Poco a poco, ha ido apareciendo la mediocridad de un alcalde sin conciencia,  ante la necesidad social que castiga a los habitantes.

Durante su gobierno, el edil de Centro, les ha  mentido  a los ciudadanos, a los delegados municipales, a los empleados del ayuntamiento y hasta a los medios de comunicación.

Además de los actos de corrupción expuestos a la opinión pública, donde a través de licitaciones simuladas, asignaron contratos a empresas fantasmas, para desviar el presupuesto y obtener beneficios en contubernio con amigos cómplices.

Y para colmo, en las últimas semanas, Gaudiano ha inaugurado mini obras de relumbrón, además se ha confrontado con la sociedad, por obras sin consenso, producto de la ocurrencia y  para justificar la movilidad  de los  recursos públicos.

Ante la falta de verdaderas políticas públicas, el trabajo se ha centrado en aparentar el progreso de la capital Villahermosa, por medio de las  jardineras de Paseo Tabasco, que por cierto, rebasaron los 13 millones de pesos, y últimamente, el parque lineal en el CENMA,  cuyo  gasto  también va con cargo a los habitantes del Centro. Puras obras de relumbrón.

Además de la ciudad, las comunidades permanecen en el abandono. Gaudiano ya olvidó  las promesas que hizo en campaña, en los hogares que visitó, a las personas con quienes se comprometió y que ahora ignora, porque la soberbia de político de pañales de seda, lo volvió inaccesible e intolerante.

Gerardo Gaudiano a diario miente, lo mismo cuando da audiencia, en alguna supervisión donde algunos ciudadanos lo increpan por su falta de compromiso, en el ayuntamiento a los trabajadores, cuando asegura que no hay despidos masivos y ante lo contrario, se acumulan las demandas laborales que más adelante serán laudos a cargo del ayuntamiento.

Como si no fuera suficiente con las 81 demandas  que ya están ordenadas para pago,  y  donde por cierto, el alcalde está siendo omiso, lo que sin duda, es una bomba de tiempo que terminará por estallar, en enfrentamiento con el cabildo.

Ante la ineficiencia del alcalde, el ayuntamiento pasó del desastre administrativo a la anarquía, porque no se sabe quien gobierna, si el grupo Cancún o los delfines de Fócil, es decir, la síndica de hacienda Casilda Ruíz o el secretario del ayuntamiento, Roberto Romero, cualquiera de ellos,  pero Gaudiano, no, por andar con su calentura de ser gobernador.

 

El momento decisivo

Con la salida de Candelario Pérez de la dirigencia del PRD, el alcalde de Centro, vio como las aspiraciones construidas con el pago de exorbitantes cantidades a medios de comunicación, que lo adulan y encuerdan, se fueron por el caño.

Ya sin la protección de Juan Manuel Fócil, Gaudiano volvió a la orfandad política, ya lo era cuando los hermanos  López Hernández, abandonaron el partido amarillo.

Y es que a últimas fechas, Gaudiano ha estado envuelto en  una cadena de errores,  considerando que asistió a la sesión donde el Consejo Político, eligió a Darvin González como el nuevo dirigente; además, firmó su sentencia con Juan Manuel Fócil, quien días después, declaró que el alcalde había roto el acuerdo que tenían.

No es casualidad que Centro tenga un alcalde repudiado por la sociedad, la que le reprocha su mal proceder, pero también, acorralado por  las consecuencias derivadas de sus pésimas decisiones, tal como ocurrió con  el discurso plagiado del 20 de noviembre.

Como se sabe, Gaudiano desperdició una oportunidad de oro, al ser invitado como orador  oficial en el desfile cívico-deportivo, por el gobernador Arturo Núñez.

Lo que pudo haber sido su destape rumbo a la candidatura gubernamental, terminó siendo una sentencia de muerte política, al leer un discurso plagiado de fragmentos de otros discursos anteriores, expuestos por personajes como el expresidente Felipe Calderón y el presidente argentino Mauricio Macri.

Gaudiano se mostró como ignorante de la realidad, dejó entrever que no lee, ni revisa. Un verdadero inculto. De nada le valió tener tantos asesores y especialistas de imagen y comunicación, mismos que cobran exorbitantes honorarios, pagados con las contribuciones de los tabasqueños.

La pifia que ha sido un escándalo nacional, revela que el alcalde Gaudiano fue víctima de un complot interno. Alguien quiso evidenciar su debilidad en el discurso, desnudar la verdad de su administración, exhibir el vacío de poder, y lo consiguió.

Tanto, que días después, el soberbio alcalde  respondió al cuestionamiento de los medios, en el sentido de que jamás dijo que el discurso fuera de su autoría, a pesar de que en su intervención, no refirió ninguna cita de otro discurso.

 Por todo lo ocurrido,  Gerardo Gaudiano está en  el limbo, sin poder aspirar a la gubernatura,  mientras que la reelección sería  bastante complicada, debido al enojo de los ciudadanos.

¿Cómo podría negociar algún otro cargo? Por ejemplo,  para la senaduría, tendría que demostrar que tiene una estructura operativa  y  capital político propio, solo que hasta ahora, no se ha visto que encabece grupo o corriente alguna al interior del PRD.

No por nada,  ya en el desfile del 20 de noviembre, se le vio con un  semblante triste, cabizbajo y  retraído. La preocupación de su futuro político lo está consumiendo.

 El otrora encumbrado edil, hoy está reducido a un guiñapo, la desgracia lo persigue; la oscuridad de la noche le cayó para ponerlo en la antesala del basurero del olvido, a donde van los mitómanos y corruptos que pretender burlarse del pueblo.

Aquellos que en el momento de la verdad, es decir, a la hora de demostrar capacidad y eficiencia de gobierno, tan solo dan  a la sociedad,  la pobreza humana que arrastran en su interior.

Desde ahora, Gerardo Gaudiano es el mayor lastre para el Centro. Ojalá que ya entienda, que no tiene ninguna posibilidad real de competencia por el gobierno de Tabasco.

Ya es tiempo de que le baje a sus sueños guajiros. Vanguardia.

 

 

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