Crítica

La canallesca cleptomanía de Pancho López

Orquestó el edil de Nacajuca, por medio de sus provocadores,  cobarde ataque a Vanguardia

Vanguardia ha denunciado públicamente la desenfrenada corrupción que existe en el ayuntamiento de Nacajuca y ha documentado—con pruebas oficiales del OSFE–la forma y el fondo del cómo, Francisco López Álvarez, se ha corrompido, en complicidad con su cofradía, utilizando el poder para desfalcar la hacienda pública del municipio.

 

 

                                                                                                                                                                        “No hay autoridad como la que se funda en la justicia

 y se ejerce por la virtud”: Plinio el grande.

 

 

Aunque presume un título profesional, Francisco López Álvarez, es un ignorante confeso. Un irredimible “político” que carece de lo más elemental: principios y valores.

Sus vandalismos inmorales, lo descubren como un tipejo que no respeta a su cónyuge, ni a sus aliados, ni al partido que lo llevó al poder,  tampoco a los que dice, son sus amigos. Luego entonces,  ¿Cómo podrá respetar a quienes sufragaron por él?

Además de esto, el primer regidor, se ha caracterizado como un represor de la ley. Quiere utilizar el garrote para golpear a sus críticos, para silenciar a quienes les cuestionan su abusivo y corrupto gobierno. Ése es el ensayo que representa y lo demuestra en sus hechos.

Sus incoherencias al hablar. Sus actitudes indignas.  Sus diatribas y exabruptos hablan de su inconfesa y arrufianada personalidad, de su valedera hipocresía, de su cinismo pueril. Esos defectos son los que más utiliza para ofender, amedrentar, amenazar, reprimir a su interlocutor y, más, para torear a sus coterráneos en sus reclamos legítimos. ¿No es así, Pancho López? ¿No es verdad su alteza serenísima?

Sus actos enajenados, su comportamiento altanero y agresivo, sus estilos pendencieros e intimidatorios reflejan su alto grado de ignorancia y ruindad, ante la verdad. Esto es lo que  proyecta y, quiere decir, este enajenado mental.

Su vocablo cultural, observa, que carece de conocimientos, más de éticos que de político. Pero, resalta más su analfabetismo moral. Su bajeza, su ineptitud y deshonestidad. Su insaciable ambición personal.  Eso lo lleva en sus genes. En su miembro viril. Y, eso, lo hace revelar sus múltiples consortes a las que no se les muerde la lengua. Es público, en Nacajuca, la debilidad del presidentito; es de todos conocidos en este pueblo arruinado, la degeneración sexual de López Álvarez. Es vox populi. Se habla en voz alta de sus fechorías de faldas.

Cuando asumió el mando como presidente municipal de Nacajuca, López Álvarez se convirtió en todo un “señor”. En un sujeto de horca y cuchillo. En un capataz de rancho que ha sido capaz de pisotear la dignidad de su gente. A todos avasalló y, miles de ciudadanos, ya se dieron cuenta.

Como ya también se dieron cuenta de la enorme egolatría que padece  y las humillaciones que el traidor alcalde  comete en contra de la primera dama de Nacajuca y, esto se sabe, porque estas vejaciones son públicas y lo observan sus incondicionales, quienes han soltado del conflicto interno que existe en la pareja presidencial.

El hombre se trastornó y desconoció hasta a los de su casa. “Dale poder a un amigo y conocerás su corazón”, dice el vulgo popular. Y, es cierto. De aquel humilde motelero de pasiones (así se llaman sus moteles de paso) sólo se ve hoy a un cleptómano ególatra  que carece de las cualidades y capacidades para gobernar.

 

A Francisco López Álvarez le salió lo vulgar y lo canallesco.  De la arrogancia  hizo su despotismo de cantina. Y se convirtió en un hombre autoritario e incapaz de moldear su frivolidad y cobardía. Éstas son sus banderas de gobierno. Las que representa y proclama. Y la gente se da cuenta.

Aunque tenía un pobre patrimonio—moteles de paso—el hoy repudiado edil, ha demostrado que una de sus mayores cualidades ha sido el de enriquecerse vil y arbitrariamente, bajo la sombra del poder que detenta. Y también de eso, la gente ya se dio cuenta. Y más los regidores que representan el cabildo. Por eso el repudio. Por ende, la oposición abierta. Por eso, la inconformidad social.

López Álvarez,–todos los nacajuquenses lo saben ahora—sólo buscó el cargo para llenarse los bolsillos, para darle rienda suelta al libertinaje, y para lucrar con los bienes ajenos. A veinticuatro meses de ejercer el cargo pésimamente mal y con balandronadas ruines e ilegales, el edil se ve al desnudo, tal y como es: corrupto hasta el tuétano. Ésa es su cosecha, reconocen  los que hoy lo detestan.

“Por sus frutos lo conoceréis”, dice el evangelio. Pancho López, a un año casi, de que concluya su gobierno, su corrupción y autoritarismo, es ampliamente conocido en Tabasco. Lo malo: este mal gobernante, cosechará lo que sembró. Ahí tiene el ejemplo de su antecesor, Pedro Landeros, con orden de aprehensión y huye de la justicia—como todo delincuente inmoral–  por corrupto y transa. ¿Seguirá el mismo camino, López Álvarez? Es posible que así sea.

Hay miles de nacajuquenses que así lo piensan. Lo creen. Lo desean. La decepción es enorme. Y a lo más que aspira, este pueblo sufrido y olvidado, es ver tras las rejas a este traidor que por la enorme dosis de poder que concentró—no supo equilibrarlo– se olvidó de su verdadero compromiso social  con su gente y, se dedicó, en estos dos años de mal administrar al municipio, a corromper y a corromperse hasta la saciedad.

Todos lo saben. Sus opositores también. Estos confiesan que, López Álvarez saquea las arcas públicas y arruina, por su terrible gobierno, el desarrollo de su municipio. Por eso la inconformidad social. Por eso el repudio generalizado. Y todo esto es notorio.

Al sembrar el nepotismo, el tráfico de influencias y las licitaciones arbitrarias y amañadas de la obra pública, acelera la corrupción y enriquece a su camarilla de incondicionales que lo ayudan a malversar los fondos públicos. Esa es la realidad en Nacajuca.

A eso llegó—gritan todos en esta demarcación, según nuestras fuentes– a llenarse las alforjas. A saquear las arcas municipales y a traficar—escandalosamente—con los bienes ajenos.

La corrupción en esta municipalidad, se acelera, brotan como pústulas hediondas que ofendan la dignidad del pueblo y que lastiman  la miseria de los indígenas, de los chontales, de los que menos tienen. Y esto, también, lo sabe Pancho López.

Ante los agravios de este mal gobernante, que de su mediocridad hace gobierno, Vanguardia ha denunciado públicamente la desenfrenada corrupción que existe en el ayuntamiento de Nacajuca y a documentado—con pruebas oficiales del OSFE, aunque el munícipe intentó, mañosamente, desacreditarlas, según sus declaraciones formuladas recientemente al reportero—la forma y el fondo del cómo, Francisco López Álvarez se ha corrompido, en complicidad con su cofradía, utilizando el poder para desfalcar la hacienda pública del municipio.

A raíz de lo publicado, en donde se reveló la podredumbre moral y política del alcalde de Nacajuca, los representantes de Vanguardia—que circulamos la edición ese día a las 9:10 de la mañana—sufrimos persecución, hostigamiento, ofensas verbales y represión en pleno palacio municipal el día jueves  23 de noviembre.

A los pocos días de haberse registrado la represión, se descubrió que el profesor, Asunción Hernández Márquez–el principal provocador– coordinador de delegados municipales había sido el que orquestó –¿por órdenes de quién?– y fue el autor material del ataque brutal contra la libertad de expresión.

Al contactar, al cerebro intelectual de los hechos, López Álvarez, se lavó las manos como Poncio Pilatos, y aseguró que “yo no sabía, nada”. Vanguardia lo encaró y le dijo sin tapujos que es un corrupto, violador de nuestra Ley suprema; además, le exigimos que como primera autoridad del municipio, sea garante del respeto a nuestros derechos constitucionales, más precisos, a nuestra Libertad de Expresión.

Ignorante, nos atacó y nos amenazó con denunciaron penalmente por posibles actos de difamación; se la reviramos y, le aclaramos que, ese delito en el código penal, eran obsoletos.  En este caso—le puntualizamos—sería por la vía civil por daño moral. “Adelante, sabremos defendernos”, le subrayamos, más el estúpido siguió con sus amenazas veladas.

La que nos “contacto” para llegar a un “acuerdo” con el enfurecido e insolente edil lucia nerviosa. Pancho López, seguía con su argumentación pésima y mal fundamentada. Habló del daño que causamos, por nuestra denuncia, a terceras personas. A esto se aferró y durante el tiempo que le vimos la cara—34 minutos—jamás demostró decencia, humildad, respeto.

Como todo truhán, acostumbrado a pervertirse intentó corromper. Vil a su estilo, tiró el primer anzuelo, luego el segundo, cuando no pudo, pidió ayuda, a su colaboradora: “Ayúdame Mary a convencer a este cabrón”. Quiso comprar, censurar, silenciar con dinero, tapar sus fechorías.

Pancho López, como todo gandalla que usa el poder para sus latrocinios pensó que Vanguardia es mercancía barata. Fácil de intercambiar. Fácil de corromper. Fácil de negociar. Se equivocó.

A lo único que aspirábamos y lo lograrnos—insistimos—es a llamarlo corrupto, de frente y a defender nuestro oficio, nuestra libertad de expresión. Si el alcalde de Nacajuca no lo entendió, su problema; el de nosotros, a interponer demanda penal ante la Fiscalía General del estado, en caso de que se vuelvan a violar nuestras libertades. ¿Te queda claro, presidente?

El final:

Su dramatismo de comediante, no funcionó. Su  teatro pelado, burdo, soez, tampoco. El tipejo demostró—y lo reconoció—que no es político,”no me gusta la política” (entonces, ¿qué hace ahí?); también, admitió, que no lee,–he ahí su ignorancia confesa—el émulo de Damián Alcázar, el principal protagonista de la Ley de Herodes. Y, en esto, el manco de Nacajuca, tiene el estelar.

Y así permaneció mientras estuvo sentado. Su rostro estaba crispado. Sus gesticulaciones, grotescas. Su humor: “caliente y frío”, según confesó. Quizás Pancho López, no podía creer que al que tenía enfrente, se resistió a sus “negociaciones” deshonestas. Y, en cambió, observó, que se le encaró con valor, con honor y con ética periodística: “El cañonazo era fuerte”; a otros los hubiera doblado, a otros más los hubiera tentado, Vanguardia permanece de pie.

Mientras nos levantamos y salimos de la pocilga—una taquería de mala muerte (¡Los gustos del mocho!)– a donde nos “invitó” a comer—ni agua y “guisado” le recibimos— se dejó atrás un mal momento, y a un sujeto hábil y diestro porque demostró  que, con la única mano que tiene, le basta y le sobra para hundirle las uñas  al presupuesto de los nacajuquenses. Vanguardia.

 

 

 

 

 

 

https://www.vanguardiatabasco.com/wp-content/uploads/2016/01/espacio.jpg
Comenta tu opinión

Deja una Respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Calle: Belisario Domínguez No. 423, Col: Gil y Sáenz. Código Postal No. 86080 Tel: 315 49 96 Cel: 044 99 31 60 93 56 Correo: VANGUARDIA_JLCM@HOTMAIL.COM

Suscríbete

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a esta página y recibir notificaciones de las actualizaciones.

Únete a otros 7 suscriptores

Todos los derechos reservados © 2016. Semanario Vanguardia Tabasco

Arriba