Análisis

Piña Gutiérrez: con la cabeza prendida con alfileres

El Juchimán corrupto y corruptor: en el filo de la navaja

+La alta traición, la puñalada trapera que asestó contra el hombre que lo respaldó para que se reeligiera, no sólo queda escrita en la historia de Tabasco, sino que es parte de la biografía negra del rector que desafió al poder. El mismo que, todavía, lo mantiene vivo en la rectoría, pero  con su cabeza prendida de alfileres. Al filo de la navaja. Sus días- toma fuerza la versión- están contados.

+A pesar de sus traiciones, de sus actos arrufianados, de sus mentiras, de sus burlas, de su desobediencia y del cáncer corruptor que impera en nuestra Alma Mater, el Jefe del Ejecutivo le demostró tolerancia, prudencia absoluta, respeto e institucionalidad y asistió a su informe, aunque en su escritorio analiza varios nombres de los posibles sucesores a la rectoría. Piña, traidor, es un personaje que ha cavado su propia tumba.

+Su traición dejó al descubierto una estela de corrupción que integra un grueso expediente y que tiene en sus manos el que será su ejecutor: Gustavo Rosario Torres,– el príncipe de la tenebra y perversidad política–el fino hombre de excelente olfato que ya husmea las cuentas bancarias y extensas propiedades de José Manuel Piña Gutiérrez, convertido, hoy, en un hombre multimillonario que ofende, que lastima a la sociedad que confió en él. Su riqueza mal habida es producto del saqueo que durante cinco años ha hecho de la universidad.

+En su inagotable ambición—a pesar de todo– nadie lo frena. Pero en su balandronada y ruindad en contra del jefe del Ejecutivo Estatal, tocó piso. Se hizo el harakiri. Se hundió y no hay nadie que lo levante. Ni siquiera su matrona de lujo, otra corrupta consumada, Candita Victoria Gil Jiménez, que prefirió hacerse a un lado y dejar  que las corrientes del poder lo arrastren como basura. Ésa es la realidad, aunque parezca extraño: a Piña Gutiérrez lo han dejado solo. Son los resultados de su alta traición.

+José Manuel Piña Gutiérrez no es un ningún tonto, y debe estar consciente que lo que orquestó maquiavélica, pero torpemente, en contra del gobierno de Arturo Núñez, cuando lo culpó de la falta de recursos para pagar el aguinaldo de los maestros, es alta traición; la sociedad tabasqueña sabe que las acciones que realizó en el fatal diciembre lo exhiben como un verdadero gusano, un traidorzuelo, envilecido y enriquecido que perdió autoridad moral y fama pública y, con esos hechos, se convierte en un personaje sin escrúpulos, sin vergüenza y sin dignidad. Y que por honor, si tuviera un poco, debería de renunciar.

 

 

 

Nicolás del Toro Jr.

En el primer informe de su segundo periodo rectoral, José Manuel Piña Gutiérrez ya no demostró fuerza ni credibilidad. Menos confianza. Tampoco se le vio tan exultante como en otros tiempos.  El horror en su cara, la desesperación y nerviosismo, lo decía todo frente a cientos de asistentes en el teatro universitario. Parecería más la celebración de un velorio que el informe de sus presuntos resultados.

Su personalidad arrogante, autoritaria, soberbia, derrochadora y corrupta quedó exhibida: hombre derrotado, débil, sin carisma, gris, mediocre. Al parecer, su conciencia—por la alta traición al gobernador Arturo Núñez que fue descubierta a tiempo—lo delataba. Los tabasqueños -y la comunidad universitaria que lo aborrece y demanda su cese- se dieron cuenta de su deslealtad. Esto es evidente.

En el escenario a modo, -lleno de empleados incondicionales que aplaudieron su autoelogio- había una luz nítida, trasparente, real, verdadera: todo olía a traición y a podredumbre. Engaño, burla, fuego simulador. Y Piña Gutiérrez lo sabía–¡lo sabe!—que había pecado, corroído y corrompido su espíritu de Juchimán.

La alta traición, la puñalada trapera que asestó contra el hombre que confió y que lo respaldó para que se reeligiera, no sólo queda escrita en la historia de Tabasco, sino que es parte de la biografía negra del rector que desafío al poder. El mismo que, todavía, lo mantiene vivo en la rectoría, pero con su cabeza prendida con alfileres. Al filo de la navaja. Sus días- toma fuerza la versión- están contados.

Frente al gobernador Arturo Núñez Jiménez, Piña Gutiérrez era un remedo de rector. Un enano. Un pusilánime. Todo un tránsfuga de la moral.

A pesar de sus traiciones, de sus actos arrufianados, de sus mentiras, de sus burlas, de su desobediencia y del cáncer corruptor que impera en nuestra Alma Mater, el jefe del Ejecutivo le demostró tolerancia, prudencia absoluta, respeto e institucionalidad y asistió a su informe, aunque en su escritorio analiza varios nombres de los posibles sucesores a la rectoría. Piña, traidor, es un personaje que ha cavado su propia tumba.

Su traición dejó al descubierto una estela de corrupción que integra un grueso expediente y que tiene en sus manos el que será su ejecutor: Gustavo Rosario Torres,– el príncipe de la tenebra y perversidad política–el fino hombre de excelente olfato que ya husmea las cuentas bancarias y extensas propiedades de José Manuel Piña Gutiérrez, convertido, hoy, en un hombre multimillonario que ofende, que lastima a la sociedad, que también confió en él. Su riqueza mal habida es producto del saqueo que durante cinco años ha hecho de la universidad.

Nuestras fuentes –que dan fe de los renglones torcidos del todavía rector– no mienten. Son creíbles. Vienen de la cúspide del poder, de las élites más confiables que acompañan al gobernador en su gestión: la traición no se perdona, han asegurado. Y todo es cierto. Está todo documentado. Al rector Piña Gutiérrez lo investigan no sólo por enriquecimiento ilícito e inexplicable, sino también por lavado de dinero, según reveló nuestro confidente, quien pidió el anonimato.

Los hechos sobre este asunto que desatarán un escándalo mayúsculo, no sólo involucran al rector. Están siendo investigados, además, sus funcionarios del más alto nivel como Rubicel Cruz Romero, secretario de Servicios Administrativos y que urde desde la clandestinidad su candidatura para ocupar el cargo de su ahora jefe, Jorge Arturo Díaz González, secretario técnico de Rectoría; Pánfilo Morales de la Cruz,  contralor general; Dora María Frías Márquez, secretaria de Servicios Académicos; Marina Moreno Tejero,  secretaria de Finanzas; Erasmo Marín Villegas, director de Comunicación y Relaciones Públicas, entre otros, funcionarios universitarios que se han enriquecido a la sombra del poder y a costa del presupuesto público de la universidad.

Todo se deriva de la gravísima corrupción que, es evidente, existe en la UJAT; de los precios inflados, del tráfico de influencias para otorgar obras y proyectos millonarios; de los sueldos onerosos que perciben funcionarios confabulados con intereses mezquinos y corruptores; de los cobros en cuotas ilegales que le sangran a los universitarios y de los que, hasta ahorita, no se sabe a qué bolsillos están llenando.

Y el problema de corrupción es aún más profundo y negro: nadie sabe en dónde se invierten los más de 2 mil 500 millones de pesos que recibe la Universidad Juárez Autonomía de Tabasco de los gobiernos federal y estatal.

Y mientras la UJAT se hunde en la corrupción e impunidad,  José Manuel Piña Gutiérrez, cínico y descarado, sólo ha mostrado cobardía y complicidad. Es lo que lo está llevando al precipicio para ser cesado de la rectoría.

A pesar que desde el año pasado el gobernador le pidió cambios en su equipo de trabajo, principalmente, en el área administrativa y finanzas, y le dio nombres para suceder a los que hoy tienen en la bancarrota a la universidad, el rector ha hecho caso omiso y ha dado largas y excusas, sin hacer nada.  Mantiene su soberbia. Atrincherado, pretende defender su feudo a toda costa, sin atenerse a las consecuencias.

En su inagotable ambición—a pesar de todo– nadie lo frena. Pero en su balandronada y ruindad en contra del jefe del Ejecutivo Estatal, tocó piso. Se hizo el harakiri. Se hundió y no hay nadie que lo levante. Ni siquiera su matrona de lujo, otra corrupta consumada, Candita Victoria Gil Jiménez, que prefirió hacerse a un lado y dejar  que las corrientes del poder lo arrastren como basura. Ésa es la realidad, aunque parezca extraño: a Piña Gutiérrez lo han dejado solo. Son los resultados de su alta traición.

José Manuel Piña Gutiérrez no es un ningún tonto, y debe estar consciente que lo que orquestó maquiavélica, pero torpemente, en contra del gobierno de Arturo Núñez, cuando lo culpó de la falta de recursos para pagar el aguinaldo de los maestros, es alta traición; la sociedad tabasqueña sabe que las acciones que realizó en el fatal diciembre lo exhiben como un verdadero gusano, un traidorzuelo, envilecido y enriquecido que perdió autoridad moral y fama pública y, con esos hechos, se convierte en un personaje sin escrúpulos, sin vergüenza y sin dignidad. Y que por honor, si tuviera un poco, debería de renunciar.

¿Un tránsfuga de la moral tiene dignidad, prestigio, honorabilidad, decencia política, buena fama pública? El rector carece de todo. Lo ha demostrado. Es el Juchimán que simboliza lo más deleznable de la UJAT.

Esa biografía negra la tiene muy presente el gobernador, hombre de gran sabiduría, que durante su discurso pronunciado en el teatro universitario, de manera sutil, pero contundente, hizo una crítica tácita al infame y traidor rector que se deshizo en autoelogios informando medias verdades y muchas mentiras.

De ocho páginas que abarcó el mensaje del gobernador en su intervención, sólo hubo tres párrafos y una línea para referirse al informe del todavía rector y sus presuntos logros que, ahora se sabe, fueron inflados.

El gobernador hizo una reflexión amplia y profunda sobre la educación y comparándolo con otros acontecimientos internacionales, refirió sobre lo que sucede en la actualidad con las fricciones que tiene México con el gobierno norteamericano, al que tanto ayudaron otros gobiernos en su oportunidad y ahora es el enemigo.

“Sin embargo, dice la sabiduría popular, cría cuervos y te sacaran los ojos, se puede aplicar a Estados Unidos (…)”, parafraseó el gobernador en su mensaje, pero todos los presentes en el Teatro de la Universidad miraron al rector José Manuel Piña Gutiérrez que se sintió aludido. El gobernador, en su cara, le dijo en lo que se había convertido después que recibió el apoyo para quedarse un período más, y pagó con traición. Incómodo en su silla, el rector supo que las palabras del gobernador eran para él. Surtieron efecto en su personalidad de la doble moral.

“Así pues, felicidades UJAT en este nuevo informe del rector Piña”, remató el mandatario finamente.

Para los asistentes, -los acarreados e invitados especiales- fue notorio y notable que el mandatario no haya tenido ni una palabra de reconocimiento para el rector y de manera general se haya referido a su gestión.

Y es que los problemas provocados por el rector, siguen teniendo sus consecuencias dentro y fuera de la universidad.

José Manuel Piña Gutiérrez ha sido incapaz de poner orden y darle tranquilidad a la institución. El vacío de autoridad y la ausencia de poder, la falta de gobernabilidad interna, y la corrupción que está siendo documentada desde la secretaría de gobierno, del rector y sus colaboradores, son una realidad.

Lo mejor que le podría pasar a la UJAT es que renunciara a la rectoría y respondiera ante las autoridades judiciales de Tabasco, por su inexplicable enriquecimiento ilícito y fraude a la comunidad universitaria. Pero sobre todo, por su alta traición al gobernador y al espíritu Juchimán que ha corrompido. Vanguardia.

 

 

 

 

 

 

 

 

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